
Secundino Llorente
Catedrático de Instituto jubilado
La prueba de acceso de la universidad (PAU) -antigua selectividad- empezó el pasado lunes, 1 de junio, en la mayor parte de España (en Catalunya se iniciará el martes). Todos los alumnos que sueñan con entrar en la universidad el próximo curso están obligados a realizar en sus comunidades autónomas unas pruebas que sirven para encasillar a cada uno en su carrera. Del éxito o fracaso en los exámenes va a de pender el futuro de estos muchachos.
Lo viví muy de cerca. Acompañé a estos chicos, durante más de treinta años, en los tres días que duraban los exámenes. Veía sus caras nerviosas mientras repartía los folios de las pruebas. Tensión total. La prueba más importante de su vida hasta ese momento. Al salir del examen nos preguntaban a los profesores con ansiedad. Querían chequear lo que habían respondido. De esos tres días de nervios se acordarán toda su vida. Después de firmar el último examen, explotan como obuses y salen de estampida para la playa. Quieren olvidarse de todo. En sus casas lo han dejado todo a punto: su equipaje, el billete del autobús y la reserva de alojamiento. Meten en su pequeño trolley las sandalias, el bikini, la blusa y los pantalones o la faldita y a Salou.
Este sábado, 6 de junio, comienza el evento. Precisamente hoy, todos los maños, riojanos, vascos, navarros, madrileños o leoneses comienzan esta fiesta especial: la ‘Selesalou’ o “celebración de la selectividad en Salou”. Aquí se va a reunir la mayoría de los alumnos españoles que se han examinado de la selectividad. Todos ellos en el mejor momento de sus vidas, a los 18 años recién cumplidos o a punto de cumplirlos. Esta fiesta se inició hace más de una década, pero a partir de la pandemia ha cogido unas dimensiones impresionantes. Todas las circunstancias son favorables para que tenga éxito.
En primer lugar, las fechas encajan perfectamente. Son dos semanas, desde el seis al veinte de junio. Es el tiempo que necesitan los tribunales para corregir los exámenes y la entrega de notas coincide con la vuelta de la playa. En segundo lugar, los operadores turísticos o turoperadores, que huelen el éxito a mucha distancia, no desaprovecharon la ocasión. Ellos se dieron cuenta de que los hoteles y apartamentos de Salou, que estaban llenos de grupos de alumnos en viajes escolares de España y Europa a PortAventura, se quedan vacíos en el mes de junio hasta el día de San Juan que comienza la campaña de verano. En tercer lugar, este año, unos 300.000 alumnos españoles de 2º de Bachillerato se presentan a las pruebas para acceder a la Universidad y se estima que una cuarta parte, unos 75.000 alumnos, desde principios de este año, antes de matricularse para los exámenes, ya habían reservado autobuses, trenes, apartamentos y hoteles.
Estas minivacaciones estudiantiles ya son una célebre fiesta que “ha venido para quedarse”. Encaja todo perfectamente: “Los alumnos convencen fácilmente a sus padres de que necesitan aprovechar esos días para disfrutar de un descanso bien ganado después de tantos nervios acumulados en segundo de bachillerato. Se olvidan de exámenes, calificaciones o notas de corte por unos días hasta que se hagan públicas las actas y vuelvan a sus ciudades para matricularse en la universidad”. He vivido en Salou en el mes de junio en los últimos ocho años. Salou se transforma en este mes. Pasamos del silencio del Imserso a los alegres y ruidosos “preuniversitarios”. ¡Vaya cambio!
Estos muchachos han pasado, en pocos días, de la solemne fiesta de su graduación a los terribles nervios de los exámenes de selectividad. Y ahora, desde mi terraza oigo cada poco el repiqueteo de las ruedas de estos carritos arrastrados por un grupo de jóvenes a lo largo del paseo Jaime I. Sus trolley van casi vacíos pero sus cabezas están llenas de ilusiones y planes, posiblemente los días más soñados y esperados de sus jóvenes vidas. Vienen a ser fiestas iniciáticas con posibles experiencias decisivas. Estoy convencido de que llegará a ser muy raro que un alumno termine la selectividad y no se vaya con sus amigos a disfrutar de estos días tan señalados.
Tengo la sensación de que el Ayuntamiento de Salou no pone demasiado interés en impulsar esta fiesta por miedo a la masificación. En mi opinión, estos muchachos universitarios no están ‘maleados’, los veo limpios y elegantes, sin problemas de alcohol, drogas o sexo, y menos aún de violencia. Veo que los hoteles y los apartamentos están a tope, que las terrazas y discotecas están colapsadas.
He pasado mi vida entre estos alumnos. A sus dieciocho años dudo que sean conscientes de que están viviendo el año más brillante y maravilloso de su vida. Me encanta verlos felices y relajados “en bandadas”, paseando en grupos muy numerosos por las calles de Salou. Se lo tienen bien ganado. Me gusta contemplar su alegría y sus gritos en las terrazas. Disfrutad de la ‘Selesalou” y que a la vuelta tengáis sorpresas positivas en vuestros resultados de selectividad.




