La Costa Daurada recibe más turistas, pero su gasto en los restaurantes es menor. Esa contención, los cambios en los hábitos de consumo, las dificultades para encontrar y retener trabajadores y el incremento de los costes de personal, productos y energía están condicionando la actividad hostelera, según la Federació d’Associacions d’Empreses d’Hostaleria de la Província de Tarragona (AEHT).
En Salou, el presidente territorial Pep Moreno constata que, pese a la buena afluencia de visitantes en verano, “el encarecimiento de las vacaciones”, desde el alojamiento hasta los vuelos y los desplazamientos, reduce el presupuesto de los turistas disponible para comer y cenar fuera.
La evolución, sin embargo, varía según el perfil de cada destino. Tarragona ciudad y Cambrils han registrado un comportamiento especialmente positivo, favorecidas por la renovación constante de visitantes que permanecen pocos días, mientras que municipios con un peso importante de las segundas residencias, como Torredembarra, han acusado más la contención del gasto.
La tendencia también afecta a las zonas de interior. Anna Miralles, presidenta de la AEH Terra Alta, constata una reducción del gasto medio y un cliente más sensible al precio, que compara las opciones y controla más el presupuesto destinado tanto a la restauración como a otras actividades.
En el Priorat, Marta Domènech observa que abril, mayo, septiembre y octubre concentran cada vez más actividad, mientras que las altas temperaturas de julio y agosto coinciden con una reducción del consumo, especialmente de vino.
Un consumidor más selectivo y viajes más cortos
Los restauradores también detectan cambios en la forma de viajar y consumir. Las escapadas de pocos días concentran el gasto en periodos más breves y distribuyen la actividad a lo largo del año.
En Cambrils, Xavier Martí observa un consumidor más selectivo, que sale a comer fuera con menor frecuencia, pero que puede optar por experiencias de mayor valor en ocasiones especiales, como menús degustación o platos de precio más elevado.
Este comportamiento favorece también la actividad durante los puentes, los fines de semana y los meses tradicionalmente menos intensos, lo que abre la puerta a una mayor desestacionalización del sector.
El calor reduce la actividad en las terrazas
Las altas temperaturas han sido uno de los factores que más han condicionado la temporada estival. En Reus, Víctor Perales señala que el verano ha sido peor que el de 2025 tanto en afluencia como en facturación.
El año pasado, los episodios de lluvia y nubosidad favorecieron los desplazamientos de turistas de la Costa Daurada hacia la ciudad. Este verano, en cambio, el calor ha reducido la presencia de personas en las calles y ha perjudicado especialmente la actividad de las terrazas.
En Vila-seca y La Pineda, Juan Hervás indica que la facturación se ha mantenido en niveles similares a los del año anterior y que se han cumplido los objetivos previstos, aunque con una rentabilidad ligeramente inferior.
Las temperaturas elevadas han modificado los horarios de consumo y han retrasado la ocupación de las terrazas hasta bien entrada la noche.
Facturar lo mismo ya no significa ganar lo mismo
El sector asegura que mantener la facturación no garantiza conservar los beneficios. Mientras los clientes ajustan sus presupuestos, los restaurantes deben afrontar mayores gastos en personal, materias primas y energía. Esta combinación reduce los márgenes y obliga a los negocios a revisar sus cartas, precios y estructuras para preservar su viabilidad económica.
A ello se suma la dificultad para encontrar y retener profesionales, especialmente durante los periodos de mayor actividad. La falta de personal y las bajas laborales pueden limitar la capacidad operativa de los establecimientos, afectar al servicio y reducir su competitividad.
Hacia un modelo menos dependiente del verano
El balance de la AEHT apunta a retos compartidos por los establecimientos de la costa, el interior y los núcleos urbanos. La provincia mantiene su capacidad para atraer visitantes, pero estos disponen de menos presupuesto, viajan durante menos días y seleccionan más cuándo y cómo consumen.
Ante esta situación, el sector busca reducir su dependencia de los grandes picos del verano y atraer clientes durante más meses del año. La desestacionalización representa una oportunidad para repartir la actividad, aunque obliga a adaptarse a una demanda más irregular y a mantener el control sobre unos costes crecientes.




