
Este mes hace 25 años que se desmanteló, el 15 de octubre de 2001, la añorada feria de atracciones de Salou, que durante 40 años funcionó en la zona del Espigó del Moll, en el frontal al paseo Jaume I. Este icónico espacio frente a la playa fue el punto de encuentro de veraneantes y residentes durante cuatro décadas, coincidiendo con el boom del turismo de masas en los años 60 y 70.
Situada a pie de playa se convirtió en un clásico del verano. Destacaba por sus tradicionales casetas, el olor a churros, los clásicos bocadillos de Frankfurt y las primeras citas de muchos jóvenes. Tras 40 años de pleno rendimiento, el recinto ferial se desmanteló definitivamente en octubre de 2001. Momento en el que, tras la desaparición de la feria clásica, el ocio en el municipio dio un salto a nivel internacional gracias al gran motor turístico de la zona, PortAventura World.
Fueron décadas, las de los 70 y 80, en las que las ferias de atracciones supusieron el epicentro del ocio popular y la modernidad. Eran el principal motor de socialización juvenil y familiar, y funcionaban como un escaparate de novedades culturales donde la gente descubría las últimas tendencias en el ocio. Para los adolescentes de la época, la feria era uno de los pocos espacios de autonomía donde podían pasear, reunirse con amigos y ligar, todo ello envuelto en música, luces de neón y sonidos de las atracciones
En lugares donde el entretenimiento masivo estaba mucho menos diversificado que en la actualidad, estos eventos itinerantes representaban un acontecimiento anual esperado con gran entusiasmo, cuando este tipo de actividades se montaban para celebrar algún acontecimiento festivo, como suele pasar ahora en muchos lugares en los que los feriantes acuden en masa y montan actividades itinerantes para disfrutar de la fiesta mayor de un municipio.

Lugares en los que, con los años, se comenzó a ver las tendencias del momento, incorporando elementos temáticos del cine de la época, la televisión y la ciencia ficción (como los pasajes del terror o los laberintos de espejos). Enclaves que fueron la antesala de los grandes centros comerciales o la venta online, el único lugar itinerante donde se podían comprar juguetes, artículos de novedad o comer dulces y alimentos que no estaban disponibles en el comercio local.
Los inicios de la feria de atracciones en Salou, sin embargo, fueron humildes, sencillos. En los años 70 tan solo se podía ver alguna caseta aislada de venta de bocadillos, frankfurt o pequeñas atracciones infantiles que servían para reunir allí al turismo que comenzó a llegar o a las familias del municipio. Con la llegada, en 1980, de Ramón Pàmies a la feria, actualmente un conocido empresario de Salou en el sector del ocio, la oferta feriante comienza a cambiar radicalmente. En poco tiempo instala un carrusel en el que incluso pueden subir mayores, La Nube, la Olla del Diable y, sobre todo, la emblemática Noria de Salou. “Atracciones por las que han pasado varias generaciones de una familia. Pasaron abuelos, hijos, nietos e incluso hijos de estos”, dice Ramón.
La entrada en el sector se produce más por casualidad que por tradición familiar, como suele ser frecuente en las familias feriantes ambulantes. Tenía solo 16 años cuando se trasladó a vivir a Salou con la familia, procedente de Reus. Su padre trabajaba en un banco, en el que era experto en las inversiones de La Bolsa. “Dio muchas conferencias a mucha gente a la que hizo ganar mucho dinero”. Ramón entonces estaba estudiando Empresariales en Barcelona, después de pasar por el colegio Turó. A los 18 años le plantea al padre la compra de un ‘carrusel de caballitos’ por un dineral en la época, dos millones de pesetas. “Mucho dinero si tenemos en cuenta que un apartamento costaba algo más de un millón. Mi padre apoyó la idea, siempre y cuando no dejara de estudiar”, dice.
A partir de ahí es cuando comienza a participar en la explosión que experimenta la feria de atracciones de Salou. “En ese momento había muy pocas cosas. Estaban muy dispersas y poco a poco comenzaron las contrataciones que fueron llenando el circuito”, dice. Hacia el año 1985, la feria se quedó sin huecos donde instalar nuevas atracciones. Estaba totalmente cubierta por juegos mecánicos itinerantes entre los que destacaban el Tiovivo, llamado también Carrusel de Caballitos, por tratarse de una atracción con figuras de caballos de madera u otros animales, que suben y bajan al compás de la música; casetas de tiro al blanco, tómbolas, la inmensa Noria, los Coches de choque, así como plataformas giratorias de vértigo como La Nube o pequeñas montañas rusas, además de algunas máquinas recreativas y casetas de consumición, entre estas una de Heladerías La Ibense.
Atracciones que funcionaban todos los días durante el verano, entre Semana Santa y el final de la temporada de verano, mientras que durante el resto del año se abría únicamente los fines de semana, en los que eran frecuente la celebración de eventos como cumpleaños de los más pequeños. Años en los que, la emblemática Noria parecía el centro neurálgico para el turismo de Salou, ya que nadie, absolutamente nadie pasaba por allí y no dejaba la oportunidad de subir, al menos una vez, a La Noria. Una instalación que se hizo tan famosa como el ocio de las noches de Salou, porque en tiempos en los que era muy frecuente llevarse como recuerdo de Salou una postal, “ocho de cada diez postales tenían la feria como imagen referente de haber pasado aquí las vacaciones”, dice Ramón sonriendo.
A pesar de la juventud con la que comenzó empresarialmente Pàmies, el tiempo le ha dado la razón. “Con mucho trabajo y sacrificio. Los comienzos fueron duros. Pero no me importaba trabajar intensamente los 365 días del año”, recuerda. Esfuerzo laboral que le ha llevado a 48 años de actividad laboral en Salou. “No creo que haya muchos empresarios aquí que puedan contar tantos años trabajando como autónomo por Salou”. Trabajo que le ha llevado en la actualidad a dirigir 7 churrerías en Tarragona (1) Cambrils (2) y Salou (4); 2 parques de atracciones infantiles, en la calle Zaragoza y Carles Bohigas y tres salas recreativas, con 200 máquinas. Establecimientos en los que trabajan 45 empleados en verano y 12 en invierno.
Ramon dice que no pierde la esperanza de que Salou vuelva a tener una Noria. Que aunque no sea como la emblemática por excelencia de Viena (Austria), especialmente famosa Noria Gigante (Wiener Riesenrad) ubicada en el parque de atracciones Prater, que es al skyline vienés lo que la Torre Eiffel a París y famosa mundialmente por aparecer en clásicos del cine como El tercer hombre; o como el icono turístico en Londres, gracias al London Eye o la que ostenta el récord de la más alta del mundo en Dubái, con el Ain Dubai, la que pueda volver a Salou, sea de nuevo una referencia en el turismo que nos visita.




