El mercado municipal de Vila-seca cerrará sus puertas a finales de este año, después de cuatro décadas de actividad. Las dos únicas paradas que continúan abiertas, una pescadería y una carnicería, finalizarán su concesión el próximo 30 de noviembre y el Ayuntamiento no tiene previsto renovarla.
El consistorio recuperará así el edificio, inaugurado en 1987, aunque todavía no ha concretado qué uso tendrá el equipamiento en el futuro. El cierre se limita al espacio interior del mercado y no afectará a los establecimientos situados en los locales anexos que dan a la calle, que continuarán funcionando de manera independiente.
La decisión llega después de años de pérdida progresiva de actividad. El mercado llegó a contar con más de 30 puestos de alimentación, pero con el paso del tiempo fue perdiendo establecimientos y sectores como el de la fruta y la verdura desaparecieron por completo.
En 2022 terminó la última concesión. En ese momento, el Ayuntamiento optó por mantener durante cuatro años a los tres comerciantes que todavía trabajaban en el mercado para disponer de tiempo para estudiar alternativas para el equipamiento. Ahora, una vez transcurrido ese periodo, ha decidido no prolongar las concesiones.
Los dos comerciantes que permanecen en el mercado han recibido ya la comunicación municipal en la que se les informa de que deberán abandonar las instalaciones el 30 de noviembre. Ambos han solicitado prolongar un mes la concesión, hasta el 31 de diciembre, con el objetivo de poder mantener la actividad durante la campaña de Navidad. El Ayuntamiento todavía estudia esta petición.
El cierre no supondrá, en cualquier caso, el final de estos dos negocios. La pescadería Vila-seca Mar continuará atendiendo a sus clientes en el establecimiento que tiene en La Pineda, mientras que la carnicería Nanda se trasladará a un local de la Rambla Catalunya.
Una reforma que requería 15 millones de euros
El Ayuntamiento encargó en 2021 al Institut Municipal de Mercats de Barcelona un estudio para analizar la viabilidad de una posible remodelación del mercado. El informe planteaba combinar el comercio tradicional de productos frescos con un supermercado de unos 1.000 metros cuadrados que actuara como principal reclamo para atraer clientes.
Sin embargo, el estudio estimaba que hacer viable esta transformación requeriría una inversión cercana a los 15 millones de euros y comportaría un elevado nivel de riesgo. Ante estas conclusiones y el cambio en los hábitos de compra, el consistorio ha descartado mantener el modelo actual.




