En los años noventa del siglo pasado, un grupo de aragoneses se juntaba habitualmente en el mesón Pa i Oli de Salou, regentado por paisanos suyos, para jugar al guiñote. Entre partidas de cartas, tertulias y nostalgia de la tierra que habían dejado atrás, decidieron crear una asociación cultural aragonesa en Salou para mantener vivas sus raíces y sus tradiciones. El 23 de abril de 1994 la constituyeron oficialmente y establecieron la sede social en el bar Amadeus, propiedad de un zaragozano, Paco.
Más de tres décadas después, la entidad cuenta con noventa socios. Su actividad gira en torno a las festividades populares aragonesas: San Valero, el 29 de enero; San Jorge, el 23 de abril; San Lorenzo, el 10 de agosto; o la Virgen del Pilar, el 12 de octubre. Celebra misas con ofrendas florales y canta jotas en la calle para conmemorar esos días tan especiales. También está integrada como una asociación más de Salou y participa en actos organizados por el Ayuntamiento. De hecho, su grupo folclórico Jaime I actúa este viernes, 7 de agosto, a las 22.00 horas en la plaza de las Comunitats Autònomes, dentro del programa de las Nits Daurades.
“Nuestro objetivo principal es mantener vivas las tradiciones aragonesas en Cataluña. Hemos formado un grupo folclórico de música y canto para actuar en nuestros propios actos culturales o en otros eventos donde requieren nuestra presencia”, explica el presidente de la asociación, José Antonio Ibáñez Alcay.
Ibáñez, natural de Ricla (Zaragoza), vive en Salou desde 1986. La empresa zaragozana donde trabajaba le destinó a este municipio tarraconense para hacerse cargo de la dirección comercial durante un par de años… y allí sigue. Ya está jubilado. “Estoy orgulloso de ser de la Villa de Ricla y, por supuesto, la echo de menos. Aunque no suelo ir mucho, sigo todas sus noticias y la actualidad por medio de las redes sociales. Tengo a mi hermano, mis sobrinas y bastante familia en Ricla”, cuenta.
Fue uno de los fundadores de la asociación cultural aragonesa de Salou, que lidera desde 2012. Era vicepresidente hasta que tomó el relevo del primer presidente, José Gracia. La entidad está en horas bajas desde la pandemia de covid: el número de socios ha bajado y no dispone de un local social para juntarse como antaño, aunque espera tener uno pronto.
Los noventa socios corren con prácticamente todos los gastos para realizar las actividades a lo largo del año. “El gobierno de Aragón nos aporta una cantidad insuficiente y el Ayuntamiento de Salou contribuye en momentos puntuales. Nos faltan socios que quieran colaborar para seguir manteniendo nuestras raíces culturales”, lamenta Ibáñez.
El riclano destaca los lazos que unen a Salou y Aragón, tanto en el pasado como en el presente: de la salida del rey Jaime I de Aragón desde el puerto de Salou para conquistar Mallorca a las promociones inmobiliarias que en los años sesenta y setenta impulsaban constructores zaragozanos en el litoral de la Costa Daurada.
“La proximidad geográfica, el clima y el mar han animado a muchos aragoneses a vivir y veranear aquí. A Salou se le llama cariñosamente la playa de Aragón”, recuerda Ibáñez.




