
Para los maduros que a lo largo de los años hemos tenido ocasión de ver muchas batallas bélicas, en la televisión o la gran pantalla, no nos resulta difícil imaginar la dimensión estratégica con la que se llegó a controlar la costa con proyectiles en sucesión rápida de disparos del arma automática, con balas o cañonazos, y en caso de necesidad como obstáculo con fuego continuo hacia el enemigo, desde los llamados nidos de ametralladora. Construcciones remozadas de hormigón armado, estructuras para la defensa y fortificadas para proteger a una ametralladora pesada y a sus sirvientes durante conflictos bélicos en la Guerra Civil.
A lo largo de la costa catalana fueron muchas las construcciones defensivas que se abrieron para proteger el litoral ante cualquier incursión de tropas nacionales, basándose ésta sobre todo en la construcción de estos nidos de ametralladoras y trincheras en zonas susceptibles de sufrir un desembarco franquista.
El origen de estas ubicaciones de fortificación se inició tras el bombardeo realizado desde el crucero Canarias en Roses el 30 de octubre de 1936, aunque antes de esa fecha ya se había empezado a estudiar otras posibilidades para la defensa del litoral. En su realización se destinaron a muchos hombres y material en abundancia, llegando a su mayor actividad en los meses de 1937. El objetivo de estas construcciones era no descuidar cualquier lugar susceptible de sufrir un desembarco, con lo que fueron, en muchos casos, los propios vecinos de los municipios de costa lo que se implicaron en la inversión y construcción de estos elementos defensivos.
En Salou, de paseo por el Camí de Ronda, a la altura del mirador de La Punta de Porroig, desde la que se observa una vista espectacular de la ciudad, con la playa Capellans en el fondo del mirador, los nidos de ametralladora cautivan a los que pasean por este paisaje que, es de imaginar, en su día fue defendido con sudor y sangre por los soldados que servían en aquel lugar.
Una estructura circular en la que se pueden ver varias galerías internas que conectan las diferentes estancias de llamado nido, en el que llegaban a convivir, a pesar de las pocas dimensiones del armazón, hasta cuatro soldados en diferentes turnos. Un lugar de posicionamiento estratégico que Salou contribuyó para ser un punto clave de vigilancia y defensa del litoral del Camp de Tarragona.

Normalmente, las posiciones defensivas que se realizaron en la costa catalana fueron obras menores fuertemente blindadas y situadas en la misma línea de la playa o hasta unos 500 metros en el interior de esta, consistiendo en una primera línea de defensa y resistencia con el objetivo de detener un hipotético desembarco. Estas posiciones debían estar protegidas contra el fuego naval y la aviación enemiga, protegiendo al sirviente de un arma automática, ametralladora o fusil ametrallador.
En la presentación que el alcalde Pere Granados hizo el pasado sábado del comentado nido de La Punta Porroig, al que asistieron muchos vecinos que en turnos de 10 personas visitaron estas dependencias de defensa totalmente remodeladas y con un alto entusiasmo de recuperación por parte de los técnicos del ayuntamiento, se dieron a conocer otros puntos que en su día fueron claves para la defensa de la ciudad. Salou contó con diferentes posiciones defensivas en el litoral. Se construyó, también, un nido ametrallador con atrincheramiento sobre roca viva en el lugar costero denominado Punta del Caballo situado a unos 4 km del centro de Salou. Construido de hormigón armado y recubierto de ladrillos, vigas de hierro que cubrían el techo, y que contaba con tres aspilleras orientadas hacia el mar.
Otro es el denominado Llatzaret, a 1 km del anterior. Nido ametrallador doble fortificación a roca viva. Cada nido tenía tres aspilleras: una frontal y dos laterales. Su entrada se verificaba por una boca de 2 metros de alto y 1 metro de ancho que comunicaba a ambas construcciones. Estas dos obras estaban emplazadas en la roca y revestidas interiormente con ladrillos, aunque el frente de la obra tenía un revestimiento en el que la cúpula saliente era de hormigón armado. También, se habló del nido de Mas d’en Gran, situado a 1 km de Salou y de la estación férrea, construido de cemento armado y hormigón y revestido de una capa de ladrillos con cemento. Su planta tenía forma rectangular, con testeros semicirculares y contaba con tres aspilleras: una frontal y dos laterales.
Los nidos de ametralladoras son la huella histórica de la Guerra Civil española, uno de los testimonios junto con los refugios subterráneos y las baterías antiaéreas de las infraestructuras defensivas que se construyeron en la Guerra Civil y en los tiempos más inmediatos posteriores en España. Huellas que nos recuerdan este capítulo difícil entre bandos republicanos y nacionales, que abundan sus restos en el litoral catalán y del que no es ajena la Costa Daurada, entre los que además de Salou se encuentran los de Cambrils, l’Ametlla de Mar y los búnkeres del Carmel en Barcelona. Nidos de ametralladora en el litoral de Salou, que están catalogados entre las más famosas construcciones defensivas costeras, como las de Trenc y sa Ràpita, y otros puntos como Palma, Andratx, Can Picafort o Alcúdia, en el litoral mallorquín.

Son lugares a los que se invita a pasear por ellos para no olvidar la historia. En Cambrils, el refugio antiaéreo de la calle Creus es uno de los últimos que se ha abierto al público. Se construyó en 1938 y es el único refugio antiaéreo público que se conserva en la población. Tiene una extensión de 90 metros que recorren sobre todo por debajo de la calle Creus, donde se localiza una de sus dos entradas. Actualmente forma parte de la Ruta de los Espacios de la Guerra Civil en Cambrils y se tiene que concertar la visita al Museo de Historia de Cambrils.
En Vila-seca también hay un refugio intacto de la guerra civil, pero como es de propiedad privada no está siempre disponible para ser visitado. El que sí puede ver en La Pineda es el nido de ametralladoras conocido como el Racó. Actualmente se encuentra cerrado, pero es visible desde el exterior. Otros espacios de la Guerra Civil los encontramos en L’Hospitalet de l’Infant y Mont-roig del Camp.
En Tarragona, también se ha configurado una ruta de la memoria, sobre todo para los escolares. La Antigua Audiència, el espacio donde se realizaban los consejos de guerra sumarísimos de la represión franquista. La visita sigue hasta la Torre del Pretorio de la Plaça del Rei, es decir, la antigua prisión de Pilats, lugar donde se amontonaron miles de reclusos entre 1939 y 1945 y desde donde salieron los condenados a muerte para ser ejecutados. Finalmente, la visita acaba en el Arxiu, situado en el Espai Tabacalera, donde se proyecta un último audiovisual que difunde qué es y qué funciones tiene este centro, así como los documentos que se encuentran y la posibilidad de desarrollar trabajos de investigación sobre este periodo con la prensa y los libros de la Biblioteca Hemeroteca Municipal.
La proximidad de la Costa Daurada con los espacios de la Batalla de l’Ebre, situados en las comarcas vecinas de la Ribera d’Ebre y la Terra Alta, ambos de las Terres de l’Ebre, marcan un interesante itinerario para conocer la historia más reciente vinculada al conflicto bélico que marcó la península durante los años treinta.




