Secció patrocinada per Repsol i l’Associació d’Empresaris d’Hostaleria de la província de Taragona (AEHT)

Cuando Pablo Hausmann y Esther Punsola cruzaron sus caminos en las aulas de la Escuela de Hostelería de Sant Pol de Mar compartían un mismo deseo: dedicarse a un oficio donde comer bien fuera el centro de todo. Lo que no imaginaban entonces es que aquella alianza estudiantil terminaría convertida en un proyecto de vida y en un referente gastronómico de la Costa Daurada.
En 1999, cuando la oferta culinaria de alto nivel de la zona parecía monopolizada por la vecina Cambrils y Salou concentraba sus esfuerzos en el turismo de masas, la pareja decidió tomar el camino a contracorriente. En lugar de apostar por el gran volumen o la alta rotación estival, abrieron un espacio reducido y resguardado del bullicio en la calle Berenguer de Palou. Bautizaron el restaurante como La Morera de Pablo y Esther, en honor al imponente árbol que preside y da sombra a su terraza.
Casi tres décadas después, el tiempo les ha dado la razón. Con un Solete Repsol desde 2024, La Morera se consolida como una anomalía maravillosa: un oasis de tranquilidad que ha demostrado que en Salou también se hace alta cocina.

Una cocina que crea memoria
La propuesta culinaria de Hausmann al frente de los fogones se define por una interpretación mediterránea, creativa y rigurosa del producto de proximidad. A lo largo de estos 27 años, la carta ha evolucionado con el mercado, pero ha mantenido elaboraciones que ya forman parte del imaginario gastronómico local.
El ejemplo más claro son sus icónicos huevos rotos con bogavante y migas, un plato que suma más de dos décadas de éxito ininterrumpido en la carta. Junto a este clásico convivieron y conviven propuestas donde la técnica se pone al servicio de la materia prima.
La sala, el equilibrio y la vida
Detrás de La Morera no hay un grupo inversor ni una gran cadena empresarial; hay dos personas. Si Pablo firma la propuesta creativa desde la cocina, Esther es la otra mitad imprescindible del proyecto, encargada de la gestión, la bodega y una atención en sala cercana y profesional.

Ese carácter familiar se traslada también a la filosofía de trabajo. En un sector convulso y exigente, Hausmann y Punsola han defendido siempre el valor de la conciliación: en plena temporada alta de verano, el restaurante cierra dos días a la semana. Un tiempo que la pareja aprovecha para navegar por el Mediterráneo, la misma pasión que inculcaron a sus hijos mientras crecían a la sombra de la morera.
El valor de permanecer
En una época dominada por las modas efímeras, las aperturas estruendosas y los conceptos de usar y tirar, el verdadero mérito de La Morera reside en la constancia. Desde las primeras recomendaciones en foros gastronómicos a principios de los años 2000, pasando por la atención de la prensa especializada, hasta el reconocimiento oficial de las guías y la fidelidad de sus clientes, el restaurante ha construido una identidad que trasciende a la temporada turística.
La historia de Pablo y Esther no es solo la historia de un restaurante que abrió en 1999. Es la demostración de que, con respeto al producto, coherencia y equilibrio personal, es posible echar raíces profundas en la mesa y ganarse, plato a plato, un nombre propio en la gastronomía española.




