
En el ambiente se respira emoción. Un gran silencio. Habla de uno en uno, con mucho respeto. Explican diferentes historias, pero comparten vidas parecidas. Sufren el sentimiento que les aporta un ser cercano que está enfermo por el alcohol. Un mal que les ha costado asimilar como tal, pero que las terapias grupales a las que asisten les han conducido a conocer un poco más a esa persona de su entorno en la que una larga parte de su vida ha bebido y bebido alcohol, probablemente sin darse cuenta de que caía derrotado a los pies de su vida.
Participan en comunidad, familiares o amigos, que han visto alteradas sus vidas por la bebida de ese ser cercano. Personas unidas por un programa con el que compartir experiencias, fortaleza y, sobre todo, esperanza, con el deseo de conocer el problema que en casa no pueden combatir.
Personas que acuden a Al-Anon Salou, una comunidad en la que buscan ayuda para saber cómo revertir esfuerzos que puedan frenar la ansiedad de beber del familiar, sin saber que el objetivo principal de la entidad es ofrecer a las familias el apoyo, la esperanza y el consuelo que les ayude a entender la enfermedad y a encontrar serenidad en sus propias vidas, independientemente de si el alcohólico sigue bebiendo o no.
“En Al-Anon, buscamos la recuperación personal, el cambio de actitud hacia la persona enferma y la ruptura de los patrones de codependencia. Aprendemos a recuperar nuestra autoestima, a pensar en nosotros mismos, en auxilio de estabilidad en nuestras vidas”, dice uno de los asistentes a la sesión.
Charlas terapéuticas en la iglesia
Como todos los domingos, este pasado 1 de febrero se han reunido en la Iglesia Protestante de Salou. Institución que cede sus instalaciones para estas reuniones durante el fin de semana, en la que la terapia, independientemente de la religión de cada uno de ellos, les conduzca por el camino de su propia salvación emocional.
En una sala de la iglesia se reúnen enfermos de alcohol y en otra, familiares. De forma independiente, en charlas terapéuticas para compartir vivencias. Aunque en esta ocasión la celebración del 19 aniversario de la entidad en Salou ha hecho que la sesión sea abierta y han compartido unos y otros sus experiencias.
Al-Anon es una institución no gubernamental, sin fines de lucro, dedicada a asistir al entorno familiar de enfermos de alcoholismo. En España funciona desde 1951. A ella pertenece Alateen, formada por gente joven, ya que se estima que cada persona enferma de alcohol puede afectar “de por vida” por lo menos a cuatro personas de distinta edad que comparten el entorno del enfermo. Una de estas es una joven de 19 años que durante media hora explicó su experiencia personal de vivir con un padre alcohólico. “Mi padre era la persona de referencia para mí en la familia. Era pequeña y no entendía bien qué sucedía en casa, detectaba que en mi familia no se vivía en un ambiente familiar como el que había en otras casas de mis amigas. No entendía que mi padre prefiriera pasar las horas en el bar en lugar de estar con su familia en casa”, dice.

La joven se explica con naturalidad. Abierta a los que la escuchan, pero de forma anónima hacia el exterior, porque el anonimato en Al-Anon es un principio fundamental que garantiza confidencialidad, seguridad y humildad, permitiendo a sus miembros compartir las experiencias sin temor a ser identificados fuera de allí. En Al-Anon se protege la privacidad de las personas que participan en las reuniones grupales, asegurando que lo escuchado en ellas no se revele fuera de la sala. Esto lo aplican en todos los ámbitos de su vida cotidiana y especialmente en los accesos a internet. Allí, enfermos y familiares encuentran soluciones a su serenidad emocional.
En las sesiones de este domingo de onomástica, la joven de 19 años, durante media hora, ha mantenido en silencio emocional al casi medio centenar de personas que seguíamos sus manifestaciones. Minutos para reflexionar e intentar entender lo difícil que debe ser el día a día en un ambiente familiar castigado por el alcohol, especialmente para una joven que ve a un padre, una madre, derrotados por su propia vida, en la que suele surgir el vacío existencial, la falta de propósito, el fracaso o la incapacidad de desprenderse en el día a día del problema que les arrastra.
“Fui una joven enfadada con el mundo. Sentía frustración, la sensación de que las cosas no son como deberían ser, por no poder controlar las difíciles situaciones familiares. Sentía que necesitaba un respiro, reflexionar sobre las causas reales de aquella situación que afectaba a toda la familia. Tenía que encontrar acciones constructivas en lugar de impulsos dañinos. Aquí – por Al-Anon – encontré amor. Mucho amor. Comprensión. Entendí que mi padre estaba enfermo, pero sobre todo he aprendido a quererme a mí misma. Gracias a esta entidad he aprendido a aprovechar las dos horas de lucidez que tenía mi padre al día, las dos primeras horas de la mañana de un domingo, para hablar con él con serenidad. Porque de la misma forma que no se puede pedir a un cojo que ande bien, me he dado cuenta de que no soy nadie para juzgar a las personas que sufren esta enfermedad”. Dijo
«Aprendí a pedir ayuda»
En el turno de exposiciones, a la joven la precedió una mujer que es esposa de un enfermo de alcohol. Otro punto de vista que, aunque con actitudes similares en el comportamiento del alcohólico, es distinto de afrontar. Una vida más en un ambiente de frustración. A menudo impredecible y destructiva, caracterizada por la negación, la manipulación y la inestabilidad emocional, promesas que no se cumplen, aislamiento en la amistad y, frecuentemente, con un comportamiento agresivo verbal, físico y sexual, deteriorando gravemente la comunicación, la confianza y la intimidad, mientras la pareja puede caer en la codependencia y sufrir un gran estrés.
“Después de unos años difíciles en los que no entendía el porqué me ha sucedido esto a mí, aprendí a compartir, a pedir ayuda, porque lo que quiero es vivir. En Al-Anon me han enseñado a comprender que el alcoholismo es una enfermedad. Que mi marido, al que sigo unida, es un enfermo más de los muchos que hay por el alcohol”. La esposa habla y habla, sin un guion establecido, porque las palabras le surgen del corazón. Explica unas vivencias emocionales que comparten en su guion otras personas que asisten a la reunión, la mayor parte de ellas mujeres. “A los hombres con problemas en sus parejas les cuesta más venir y admitir la situación”, dicen.
Se celebraba el aniversario de Al-Anon Salou. Una reunión más, como la de todas las tardes del domingo, dando a conocer en esta ocasión vivencias de dos personas alcohólicas que, hace muchos años, han dejado de ingerir el alcohol. Hablan de una enfermedad crónica y progresiva que no tiene cura definitiva, pero sí se puede controlar mediante tratamiento, logrando una recuperación sostenible y una vida saludable. Consecuencias que ambos enfermos admiten. Se celebra una sesión más a la que están invitadas todas aquellas personas que quieran conocer esta enfermedad que produce el beber en exceso el alcohol. Y, sobre todo, una puerta abierta a la esperanza, para que las familias o amigos de estos alcohólicos aprendan, con lecciones de vida, a quererse un poco más a sí mismos y no sufran en silencio, aisladas del mundo, esta terrible enfermedad.




