Miguel Ángel y su hija Sara han llegado a la playa de Llevant de Salou, a la altura de la zona de Pilons, a las 19.30 horas. Están sentados en una toalla sobre la arena, aprovisionados con una mochila con agua y unos bocadillos para hacer tiempo antes del eclipse solar. Para observarlo, llevan unas gafas homologadas que repartió el Ayuntamiento de Salou a vecinos y propietarios de segundas residencias. En el agua todavía hay bañistas. El fenómeno astronómico ha caído en plena temporada turística alta y el municipio está a rebosar. Hay miles de visitantes aragoneses, navarros, irlandeses o franceses esparcidos a lo largo de la playa y el paseo Jaume I.
Miradas constantes al cielo y nervios ante un fenómeno que no veía desde hace más de un siglo. Salou es un hervidero de gente. Lo habitual de un 12 de agosto cualquiera, pero con casi todos en la calle a la vez para ver cómo la Luna se posiciona sobre el Sol y el día se transforma en noche durante un minuto y diez segundos aproximadamente. “Ha sido impresionante”, dice Miguel Ángel.

Cerca de allí, en el mirador de la calle Bruselas, el alcalde de Salou, Pere Granados, insistía minutos antes en que el eclipse será recordado como “un fenómeno astronómico excepcional”, y apelaba a la responsabilidad de todos para que no sea recordado también por alguna incidencia.
El Ayuntamiento de Salou lleva meses impulsando una fuerte campaña de promoción del eclipse, en la que pedía a aquellos que fueran a verlo a sus playas que las mantuvieran limpias: “Son un espacio natural, no un parque de picnic”. El resultado ha sido satisfactorio: ha ganado el civismo. “El ambiente ha sido muy bueno, de fiesta. Había gente del pueblo, turistas, familias con niños, grupos de amigos…”, cuenta Nuria, que lo ha seguido desde la playa de Llevant con su madre.
Otro de los puntos con afluencia ha sido la Punta del Cavall del Cap de Salou, un mirador rodeado de naturaleza con una panorámica espectacular del litoral. “Desde aquí se ha visto muy bien. Es un lugar privilegiado, con unas vistas increíbles. Cuando nos hemos quedado a oscuras ha sido muy emocionante”, dice Iván, que se ha desplazado hasta allí desde Vila-seca.

Eso sí, aparcar ha sido una odisea. Si en verano ya cuesta encontrar un hueco libre, este miércoles ha sido casi misión imposible. Los seis aparcamientos disuasorios de Salou -tres gratuitos y tres de pago- eran la mejor alternativa, pero a medida que se acercaba la hora ya estaban prácticamente completos.
«No podía pagar con tarjeta»
En Cambrils, el trajín de visitantes ha sido constante durante todo el día. Las calles estaban llenas, hasta el punto de que había lugares sin apenas cobertura de telefonía móvil, como en los eventos con grandes concentraciones de gente. “No hemos podido pagar con tarjeta en un supermercado porque el datáfono no tenía señal”, comenta Abel, vecino de la localidad.

En un terreno habilitado por el Ayuntamiento junto a la Cooperativa Agrícola de Cambrils, 4.900 personas han observado el eclipse. El aforo del recinto, al que había que acceder con invitación, estaba completo. Alberto y su hijo Iván han acudido sobre las 18.00 horas para poder aparcar y coger un buen sitio. Su ‘kit de supervivencia’ está formado por agua, patatas fritas y un par de sillas de camping para hacer más llevadera la espera. El momento álgido ha llegado sobre las 20.29 horas y ha durado sobre un minuto y diez segundos. “Me daba un poco de respeto mirar al Sol y causarme daños oculares, pero las gafas han funcionado muy bien”, afirma Alberto.
En La Pineda, el epicentro elegido para seguirlo ha sido la playa, mientras que en Vila-seca, decenas de personas se han reunido en el puente rojo del Raval de la Mar. Los más precavidos llevaban un protector de soldador para protegerse.
Cámaras de fotos con teleobjetivos, teléfonos móviles y hasta telescopios también han apuntado al cielo para captar un momento histórico e inolvidable. Las imágenes serán un recuerdo imborrable.




