El salouense David Giménez, de 31 años, ha dado la vuelta a la península ibérica andando, por la costa, durante 256 días. Se planteó esta aventura como un reto físico, pero también de superación, conexión con la naturaleza y reencuentro personal. En un carro, al que bautizó como Charly, transportó lo indispensable para este viaje de 6.000 kilómetros, en el que incluso conoció a una chica y surgió el amor.
Imagino que a lo largo de este viaje a pie ha vivido momentos muy especiales.
Sí. Alrededor del día 100 encontré a una persona muy importante para mí. Ha sido un apoyo incondicional durante el reto y posiblemente el pilar más fuerte que he tenido.
A tu llegada a Salou, el 22 de marzo, se te vio muy emocionado.
Fue uno de los días más especiales de mi vida. Hacía mucho tiempo que no veía a mis padres, abuelos, amigos… y esa sensación de echarlos de menos y luego reencontrarte es muy bonita, muy intensa.
¿Por qué emprendiste este reto?
Lo hice, sobre todo, para hacer un viaje interno, no quería que fuera algo mediático. Quería encontrarme conmigo mismo, aprender a disfrutar de las pequeñas cosas y conectar con la naturaleza.
¿Cómo era tu día a día?
Vivía con lo mínimo: una tienda de campaña, un saco de dormir y poca cosa más. Intentaba disfrutar de todo: la naturaleza, los paisajes, las personas que iba encontrando, los seguidores… y también de mí mismo.
Por el camino te encontraste con personas que te ofrecían incluso alojamiento.
Empecé con muy poco dinero, y gracias a la solidaridad de la gente no me ha faltado de nada. Mucha gente me buscaba solo para darme comida o ayudarme. Este reto no es solo mío, es de toda la gente que hay detrás y que me ha cuidado día tras día.
¿Cuál fue el momento más complicado que pasaste?
El paso por Portugal. Fueron 43 días prácticamente solo. La costa está muy despoblada y caminaba kilómetros y kilómetros por la arena. Había playas de hasta 60 kilómetros.
¿Con qué te quedas de toda esta travesía?
Con la idea de que cualquier persona puede hacer lo que se proponga. Lo más difícil es dar el primer paso. La gente espera el momento perfecto, pero el momento perfecto se crea empezando.
Si pudieras hablar con el David del primer día, ¿qué le dirías?
Que confíe en sí mismo, que se lo crea, porque si lo hace, puede conseguir todo lo que se proponga.




