
Llama la atención que, al atardecer, cuando el sol se va apagando por minutos, dos mujeres, Marta y Judith, sobre la arena de la playa, guantes de boxeo en manos, fortalecen el cuerpo con artes marciales de combate, con técnicas y utilización de los puños para la defensa y ataque. Un deporte de contacto, considerado con los años agresivo en los hombres, que cumple con la definición de arte marcial por su técnica, historia, disciplina y efectividad en la lucha desarmada.
Un momento que lleva a la reflexión y a pensar que el mundo del deporte ha cambiado a la mujer. El rol de la mujer se ha fortalecido significativamente. Ha evolucionado. De una participación limitada ha pasado a un liderazgo activo en la sociedad y central en atletas, entrenadoras, administradoras y directoras. Una evolución que actúa como un motor de empoderamiento, desafiando estereotipos de género y transformando estructuras sociales, que atrae una atención y un reconocimiento sin precedentes.
El deporte se ha convertido en una herramienta eficaz para superar miedos, ansiedad y fobias al liberar endorfinas, reducir el cortisol y fomentar la resiliencia mental. Actividades como el parkour, la escalada o deportes de aventura enfrentan directamente al individuo con sus temores, enseñando a gestionar el estrés y la confianza personal. Y en las artes marciales femeninas, que vive un auge notable con un incremento constante de licencias y alumnas motivadas por la autodefensa, permite la mejora de la condición física, la seguridad personal y la superación de barreras mentales. Disciplinas como taekwondo, karate, judo, kickboxing, jiu-jitsu y muay thai son las más practicadas, fomentando la técnica sobre la fuerza bruta y empoderando a las mujeres
Aunque la presencia femenina en el deporte ha crecido, aún persisten desafíos estructurales que está combatiendo, haciendo del deporte una herramienta clave para la igualdad de género. No solo como instrumento para mejorar la salud y el bienestar, sino para reforzar la autoestima, la resiliencia y las habilidades de liderazgo. De forma especial, cuando la mujer busca en el deporte la autodefensa personal para combatir actuaciones machistas, que, a pesar de los avances, persisten en comportamientos físicos violentos, comentarios verbales estereotipados y barreras culturales que miran solo el «cuerpo femenino».
Para ayudar en este sentido, desde hace dos años, la asociación Warrior Ladies Salou es una comunidad creada por y para mujeres que “han decidido dar un paso al frente, romper barreras y descubrir la fuerza que llevan dentro”. Practican técnicas como el muay thai, un arte marcial tailandés, conocido como el «arte de las ocho extremidades», que utiliza golpes de puños, codos, rodillas y patadas, además de barridos y agarres. Sirve para la defensa personal, mejorar la condición física, fuerza, resistencia, coordinación, perder peso y potenciar la disciplina, el autocontrol, la confianza y la salud mental, siendo una excelente disciplina de combate y un estilo de vida completo.

En la asociación hay mujeres de todas las edades. Algunas de ellas han sido maltratadas físicamente o viven en relaciones tormentosas. Incluso hay niñas que sufren bullying en el colegio que las produce violencia sistemática que busca intimidar o dañar a la víctima, generando un entorno inseguro. “Para vencer estas situaciones practicamos técnicas de defensa y liberación en el suelo, porque todas las situaciones conflictivas que sufre la mujer suelen acabar con peleas por el suelo”.
Warrior Ladies Salou es un proyecto que nació con la intención de acercar las artes marciales a mujeres que, en muchas ocasiones, “nunca se habían planteado practicar métodos de este tipo”. Durante años, estas disciplinas que han estado asociadas a un entorno mayoritariamente masculino, “ha generado cierto respeto o incluso inseguridad en muchas mujeres”, dice Mirella da Silva, entrenadora y directora de la asociación.
El deporte en la mujer ha demostrado en las últimas décadas su enorme capacidad para impulsar su empoderamiento y el de niñas para avanzar en la igualdad de género. Mujeres deportistas han coincidido al señalar que el practicar deporte rompe con la percepción errónea de que “somos débiles o incapaces”. Cada vez más atletas desafían los límites y demuestran que la fuerza, la resistencia y la destreza no tienen género. Además, está comprobado que las niñas deportistas tienden a obtener un mejor rendimiento académico y acceder a mejores oportunidades laborales. “Hemos creado un espacio exclusivamente femenino, seguro y motivador, donde cada mujer puede entrenar, aprender y crecer a su propio ritmo. Lo que compartimos es mucho más que un entrenamiento. Es un lugar donde mujeres de diferentes edades y realidades se encuentran con un mismo objetivo: dedicarse tiempo a sí mismas, ganar confianza y fortalecer tanto el cuerpo como la mente”, señala Mirella.
En Warrior participan mujeres que compaginan el día a día el trabajo, estudios, familia e hijos, “con un momento para cuidarse, liberar estrés y reconectar con su propia fuerza”. Encuentran en las artes marciales múltiples beneficios: mejora de la fuerza, tonificación muscular, resistencia física y salud cardiovascular. Pero quizá el cambio más importante lo experimentan a nivel interno. Según Mirella, “a través del aprendizaje de técnicas de defensa, disciplina y control emocional, las mujeres descubren una nueva percepción de sí mismas: más seguras, más fuertes y conscientes de su propio valor”.
Un motor de cambio
El deporte ha demostrado ser un motor de cambio. Es cierto que las cifras revelan que hoy todavía existe una brecha entre hombres y mujeres en la práctica deportiva, porque el 35% de ellas no practica actividad física alguna, mientras que en los hombres los no practicantes representan el 27%. En las licencias federativas, el 73% son masculinas y el 27% femeninas, según datos del Observatori Català de l’Esport.
En Catalunya hay más de 60 federaciones en el ámbito del deporte. Entidades en las que se pone de manifiesto que, en los deportes tradicionalmente considerados masculinos, como el billar, el ciclismo o el fútbol, más del 90% de los participantes son hombres. De la misma forma que, en deportes tradicionalmente considerados femeninos, como la natación, el patinaje artístico o la gimnasia, más del 89% de participantes son mujeres. Cifras que, una vez más, reflejan los estereotipos de género y los roles sociales también en la práctica deportiva.
El deporte une a las personas, sin importar su origen, género o estatus social. Elementos sociales que se ven en eventos deportivos internacionales como la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos que se han convertido en símbolos de unidad y cooperación entre naciones, fomentando el respeto y la tolerancia entre todos. De la misma forma que une a personas en pequeñas comunidades como Warrior Ladies Salou, “donde se respira el compañerismo, apoyo y motivación constante hacia la compañera. Cada logro se celebra en grupo y cada paso adelante refuerza la idea de que juntas somos más fuertes”, dice Mirella.
“Tenemos un proyecto que crece día a día con el objetivo de inspirar a más mujeres a salir de su zona de confort, apostar por sí mismas y por su entorno familiar, al descubrir que dentro de cada una existe una auténtica guerrera. Porque cuando una mujer se siente fuerte, segura y apoyada, no solo cambia su vida, también transforma su entorno”, concluye.




