
Veo en televisión un documental que me habla sobre la cultura del atún rojo salvaje de almadraba capturado en muchas zonas de la costa. Un profundo recorrido por este arte de pesca, cercana al recetario popular, tradición e historia de muchos pueblos, que me lleva a recordar que recientemente el historiador Joan Sardiña, en una magistral conferencia sobre esta práctica hizo un homenaje, como biznieto de atunero, a los pescadores de Salou. Aquellos hombres de antaño, trabajadores del mar, procedentes de Vinaròs, Peñíscola y L’Ametlla de Mar, que con el arte de la almadraba fueron herederos de una pesca milenaria y artesanal, utilizado principalmente para la captura del atún rojo (Thunnus thynnus), durante su migración primaveral desde el Atlántico hacia el Mediterráneo. Un sistema que consiste en un complejo entramado de redes fijas que crea un laberinto para guiar a los atunes hacia el «copo», donde son izados a la embarcación.
«Almadrava viene del árabe andalusí que significa lugar donde se golpea o lucha es, sin duda, el arte o apero de pesca más grande y complejo, destinado principalmente a la captura de atunes y peces migratorios. Dicen que es de origen fenicio y que los romanos también lo utilizaron a lo largo de los siglos. Almadraba era el Arraix, es un arabismo que significa ‘Capitán’ o ‘Dirigente”, dice Sardiña. La almadraba, un conjunto de redes convenientemente dispuestas cerca de la costa que, junto a las anclas, cuerdas y otros elementos complementarios, formaban una gran instalación que se mantenía calada durante meses. En la que participaban cerca de medio centenar de hombres y en ocasiones más, y barcas complementarias según su capacidad de captura.
Este tipo de captura del atún, de la que nos habla Sardiña, se refiere a la pesca de que se hacía en las costas de Salou. Una especie que se ha convertido ahora en un atractivo turístico, ya que muchos turistas que nos visitan hacen excursiones a Balfegó, en L’Ametlla de Mar. Unas instalaciones en las que tras la captura del atún en las costas atlánticas, se alimenta, estudia y comercializa el atún rojo, “bajo un sistema de responsabilidad sostenible social y medioambiental que satisface las expectativas, garantizando la continuidad de la especie para las generaciones futuras”, según se puede leer en la promoción de la empresa.
Una oportunidad para conocer el sistema de reproducción del atún rojo que, según hay conocimientos, “sabemos que en el antiguo término de Barenys hubo ya en el siglo XVI, una almadraba. En el libro de actas del Consell de Tarragona correspondiente a los años 1595-1596, demuestra que el 9 de mayo de 1595, se tomó el acuerdo de dejar una pieza de defensa ante el peligro de piratas y corsarios que rondaban en aquellas aguas.»
Alfonso Garrido en su libro ‘Historia de la pesca del atún en Catalunya’ dice que “todo parece indicar que la instalación de las primeras almadrabas fijas en el litoral español y catalán fue obra de técnicos sicilianos gracias a los contactos con tierras napolitanas…” Las almadrabas en Sicilia superaban el centenar, muchas también en Cerdeña; en Valencia, Denia, Benidorm, El Palmar, Xàbia y en Catalunya la más importante era la de Hospitalet de l’Infant. En total en Catalunya hubo 16 almadrabas caladas, entre ellas las de la capital de la Costa Daurada. Ciudad en la que, según hay contrastada información, en la última década del siglo XIX, aún había constancia de la existencia de esta práctica, al Cap Porroig, durante el invierno y primavera, desde donde se exportaban toneladas de pescado a diferentes puntos, principalmente de Catalunya.

La veda del atún rojo en el Atlántico Oriental y Mediterráneo para este año 2026 está regulada por una Resolución del pasado 14 de enero, que establece las disposiciones para la campaña de pesca y entra en vigor este mismo mes febrero. Generalmente, la pesca comercial intensa comienza con las almadrabas de Cádiz entre abril y junio. Además de la almadraba, la captura del atún rojo se hace también con red de arrastre, con anzuelo (línea de mano, curricán, palangre, pero en su mayoría es capturado por los atuneros cerqueros. En el Mediterráneo, más del 90% de las capturas de atún rojo se realizan con este método.
Un pescado en el que curiosamente su precio medio oscila entre los 37,50 euros el kilo de los filetes de atún Yellowfin, 52 €/kg del atún rojo Bluefin, 56 €/kg del atún rojo granja Balfegó hasta los 62 euros el kilogramo de ventresca de atún Bluefin de granja. Y que puede llegar a costar 27.000 euros la pieza. Precio que alcanzó durante la primera y colorista subasta del nuevo año un enorme atún rojo de 206 kilos vendido en la lonja Tsukiji de Tokio, la mayor del mundo, al venderse por 4,13 millones de yenes (según el cambio de moneda).
En nuestras costas, el máximo esplendor de esta pesca fue entre los siglos XVI y XVIII. En su mejor momento se podía pescar unos 300 atunes diarios de unos 150 a 200 kilogramos, en atunes de 11 años. Los de 2 años medían 79 centímetros con un peso de 10,4 Kg. y los de 3 años, 115 centímetros con un peso de 35 Kg.
Las almadrabas fueron un buen negocio, rentable y lucrativo en aquellos tiempos porque era una de las bases de la alimentación de mucha gente. Los propietarios eran gente adinerada y con importantes influencias, como el caso del Duque de Lerma (Francisco Gómez de Sandoval) valido y hombre de confianza del rey Felipe III de la Corona de España (siglos XVI y XVII), que aprovechó su nominación para enriquecerse de manera desmedida. Así como Joan Kies de Vila-seca, que era el dueño de la almadraba de L’Hospitalet de l’Infant.
Un sistema de pesca que ha cambiado con las generaciones, porque aunque aún se practica con la almadraba, la producción se lleva ahora con métodos más cotrolados, aunque igualmente de forma natural, como es el caso de Balfegó en L’Ametlla de Mar. Lugar donde se puede ver y disfrutar turísticamente de un atractivo entre atunes, en unas instalaciones acuícolas de primer orden situadas a 5 km de L’Ametlla de Mar.




