
‘Amffisa’, la obra del pintor neerlandés neoclásico de la época victoriana, Lourens Alma Tadema, que representa un grupo de bellas y peligrosas sacerdotisas de Dionisio, dios del buen vino y la música, que excluían a los hombres en su culto para bailar, cantar y gritar durante horas y que perdidas en el desenfreno de su celebración se desploman agotadas en medio de la ciudad, recuerda que nos encontramos en un lugar de reivindicación de la mujer. Una hermosa obra pictórica que refleja la sororidad, la protección femenina y la empatía de la mujer por encima de problemas políticos.
“Aquí estamos libres de ideologías políticas. Se acoge a todas las mujeres independientemente de su forma de pensar política. Es un lugar seguro para la mujer”, dice Silvia Rovira, presidenta del Casal de les Dones de Salou. Una entidad que tiene inscritas a casi cuatrocientas mujeres que participan principalmente en actividades culturales, manualidades y de ocio.
En ese mismo momento en otra sala una veintena de mujeres participan en un taller de ganchillo. Las expertas apuntan maneras, muestran sus cualidades y talento hacia las menos duchas en la materia. A Silvia la acompañan en el despacho de dirección dos miembros más de la junta directiva, la secretaria, Mari Àngels Cuscó y la tesorera, Carme Ors. Hablan del Día Internacional de la Mujer, de este 8 de marzo que la ONU estableció, en 1975, como una jornada para rendir homenaje a su lucha para participar en sociedad. Una fecha que desde entonces ha marcado, ha señalado el camino a seguir de las mujeres.
En el Casal de les Dones la mayor parte de las mujeres que asisten son de las décadas entre los 50 a los 70. Nacidas en unos años en los que la mujer estaba muy limitada en muchos aspectos. Para la mayoría, su destino era casarse joven, ser esposa y madre. Niñas apegadas a sus madres para aprender a ser buenas esposas. Aunque algunas encontraron en profesiones como la enfermería, la educación y las secretarias de oficinas una salida para progresar y para ayudar económicamente en casa.
Cuando internacionalmente se decidió homenajear a las mujeres el 8 de marzo, en nuestro país salíamos de una dictadura que había limitado mucho el papel de la mujer en la sociedad, hasta el punto que para obtener el carnet de conducir había de tener el permiso paterno o marital.
Con el fin de la dictadura franquista llegó el ‘renacer de la mujer’. En el Casal de les Dones se reivindica ese derecho a la liberación de la mujer. “Aún nos queda mucho camino para conseguir el pleno derecho de oportunidades”, coinciden ambas. Llama la atención el que no consideren obligatorio el ‘cupo’ de las mujeres en la forma que se suele reivindicar políticamente, “porque la mujer tiene las cualidades necesarias para ganarse por sí sola la participación en cualquier órgano político, social o de empresa. En los lugares directivos han de estar siempre lo mejores, independientemente de si es hombre o mujer. La mujer está capacitada para estar ahí”, dice Silvia.

“Lo que me preocupa es que como mujer no podamos salir solas a caminar por la noche por falta de seguridad. Necesitamos salir libremente. Sentirnos seguras. Todavía tenemos una sociedad machista. Por eso debemos reivindicar la feminidad, la igualdad. En ocasiones no se puede salir sola a la calle por la noche porque el hombre no entiende que merecemos ese derecho”.
El casal organiza un sinfín de actividades a lo largo del año. Prácticamente todas las semanas tienen algún viaje de ocio o cultura, asistencia a obras de teatro, musicales, talleres de manualidades, conferencias de todos los temas, jornadas culturales. Comento al unísono que pensarían si el hombre se organizara en grupos cerrados de este tipo para hablar o tener actividades como las que organizan ahí. Pregunto si no se vería como un ejemplo machista. “Estaríamos de acuerdo. De hecho, lo hemos comentado más de una vez. E incluso les invitamos a que vengan al Casal y lo debatan aquí. Lo que sucede es que la mujer cada vez está más empoderada. Aquí vienen mujeres muy activas, inteligentes. En los últimos veinte años la mujer se ha reivindicado mucho. La mujer viene porque tiene ganas de socializar, de aprender muchas cosas que no han podido hacer con anterioridad. La mujer ya no se queda en casa sentada en el sofá. La reivindicación de la mujer ha ‘acojonado’ a los hombres. Se han quedado en shock. No sabe por donde tirar, al ver que la mujer tiene muchas ganas de vivir”.
El 8 de marzo es una fecha marcada por diferentes acontecimientos en la mujer. Un suceso transcendental marcó la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero cuando 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, saliendo después a la calle en manifestación 15.000 mujeres para pedir menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho electoral. Otro, cuando en Rusia, un 8 de marzo de 1917, las mujeres se declararon en huelga, pidiendo pan y paz. Fecha que Clara Zetkin, jefa de la Oficina de la Mujer en el Partido Socialdemócrata de Alemania, propuso en el año 1910 como Día Internacional de la Mujer.
Día Internacional desde 1977
Aunque el 8 de marzo estuvo asociado como el Día de la Mujer Trabajadora, cuando la ONU la estableció así en 1975, ésta se adoptó oficialmente en 1977 el Día Internacional de la Mujer, mediante una resolución de la Asamblea General que invitaba a los Estados a conmemorar la lucha por los derechos de la mujer y la paz internacional, después de años de manifestaciones en Europa, en las que se reclamó el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo y la igualdad entre mujeres y hombres.
En España, después de un cambio lento y lleno de resistencias, tuvo su hito histórico en 1978, con la primera manifestación autorizada en un 8 de marzo, como marco reivindicativo de la mujer trabajadora. Desde entonces se trata de un día de reivindicación de derechos. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de género. Reclamado políticamente como un derecho feminista enfrentado al machismo para visibilizar, politizar y desmantelar las violencias de género (físicas, económicas, psicológicas) y la desigualdad estructural.
“A las mujeres se las frena porque somos madres, cuidadoras. Somos las que nos preocupamos de nuestros mayores. Luchamos día a día por nuestros derechos. Tenemos las cosas muy claras. No hay quien nos pare. Estamos cambiando la sociedad. Gracias a nuestras reivindicaciones se están consiguiendo muchos derechos, incluso los hombres que en estos momentos gozan de días de baja por paternidad gracias a las reivindicaciones de las mujeres. Luchamos porque queremos las mismas oportunidades”, concluyen.




