
Son jóvenes antisistema. Si por antisistema entendemos aquellos a los que, aún en edad de bachillerato, les está fallando la democracia. En una comunidad, Catalunya, con un fuerte predicamento antisistema. Seguidores de la Organización de Jóvenes Socialistas (OJS), que, en el último año, ha logrado gran popularidad en las universidades catalanas, multiplicando los actos y campañas informativas sobre feminismo y vivienda, pero también promoviendo boicots al «fascismo» y la «extrema derecha» en las aulas. Aunque, en el caso de Herón y Basel, gemelos de 18 años, y Jinja, de 16, dicen que se preparan para una “revolución cultural alternativa”.
Jóvenes que ponen el acento en la «lucha de clases» y la «identidad obrera», en las que la gobernación de un país se autogestione por comunidades vecinales o comunidades. Forman parte de una juventud que aboga por centrarse en la calle y no en las instituciones. A las que, por el momento, consideran apéndices del poder, de la burguesía. Luchan con la esperanza de establecer la hegemonía de las «ideas socialistas» entre gente de su edad para “cambiar el futuro”.
Jóvenes antisistema, con unas ideas muy claras. Sus ideas, claro. Aunque reconocen el legado que les ha dejado la generación de los baby boomers, los nacidos entre los años 1946 y 1964, tras la Segunda Guerra Mundial, de los que, aseguran, valoran «la estabilidad laboral y la cultura del esfuerzo que han hecho a lo largo de las últimas décadas» para que ellos se puedan culturizar.
«Nuestros padres se han partido el lomo trabajando muchas horas. Es probable que muchas veces no reconozcamos lo que han hecho por nosotros, pero es cierto que han tenido unas oportunidades que nosotros no tenemos ahora y de ahí que nuestras ideas sobre lo que esperamos sean muy distintas. Abogo por un futuro económico libertario. Con inquietudes que queremos transmitir a los jóvenes de nuestra edad. Nos preocupa si mañana podremos trabajar con la carrera que estudiamos; si esta carrera que estudiamos nos dará de comer o si podremos tener una vivienda en propiedad y no estar toda la vida pagando un alquiler. Nos preocupa la seguridad, porque consideramos que es una herramienta política que se utiliza para hacer demagogia y un régimen autoritario”, dice Herón.

Los tres jóvenes comparten las mismas preocupaciones. Les falla la democracia por la falta de seguridad económica, la precariedad laboral, el difícil acceso a la vivienda y la sensación de no ser escuchados por una clase política tradicional, “en la que no creemos”. Les genera desilusión, desafección política y un creciente desinterés por el sistema democrático y escepticismo hacia sus instituciones.
Herón tiene carisma. Desprende el perfil de un joven con futuro político. Estudia antropología política, una rama que estudia el poder, el gobierno y la organización social tanto en sociedades occidentales como no occidentales, analizando cómo se ejerce la autoridad y se resuelven conflictos más allá de la política formal. Le gusta la historia. Se ha informado cómo fue la transición política española en la década de los setenta. Defiende ideas libertarias, con la libertad individual máxima, la propiedad privada y el libre mercado a través de la autogestión, buscando reducir o eliminar la intervención del Estado en la vida económica y social. Pensando en la soberanía del individuo sobre su cuerpo y bienes, y el rechazo a los impuestos coercitivos.
Un planteamiento que poco o nada le permitirá influir sobre una ciudadanía que globalmente está ligada al régimen político, porque cree que es el camino para ejercer derechos y responsabilidades. Garantía de derechos civiles y sociales en los que estos jóvenes no creen. No participan, porque “se debe crear un sistema alternativo. Por esto a la gente joven le convence más el discurso de la ultraderecha, porque bueno o malo, los partidos de ultraderecha ofrecen alternativas al régimen que nos imponen los partidos tradicionales”.
Herón, Basel y Jinja se rebelan contra el capitalismo. Les mueven las perspectivas antisistémicas ante una perspectiva analítica sobre el sistema mundial del capitalismo histórico que, a su juicio, “hay que limitar sus efectos o reemplazarlos por alternativas globales más socialistas”. Defienden que las necesidades humanas primen sobre las ganancias empresariales, promoviendo la igualdad, la justicia social y la defensa de la autogestión ciudadana.
«Coqueteo con el anarquismo»
“Personalmente, coqueteo con el anarquismo. Me ha influido la social democracia, pero actualmente abogo más por una democracia auto representativa. Por una democracia más directa que difiere de cómo se ejerce ahora el poder. Queremos que los ciudadanos tomemos nuestras decisiones políticas directamente a través de asambleas”, dice Herón.
“Estamos en contra de cómo se ejerce ahora la política, porque no puede ser que un político represente a miles de personas. Ahora tenemos políticos que obedecen a intereses concretos a grupos a los que pertenecen personas con los mismos intereses. Son grupos políticos interesados en desviar la atención sobre sus propios intereses. Acceden al poder, al gobierno, vendiendo que lo hacen en beneficio general de los ciudadanos, cuando no es así. Utilizan un discurso demagogo que busca gustar, vender consignas políticas a una parte de la sociedad para que después les vuelvan a votar”, comentan.
Son fundamentos que comentan en el instituto. Hablan de “cosas normales”, dice Herón. Aunque en el instituto lo que les intentan vender es “una serie de ideas, de doctrina, que sólo favorece al Estado. Nos venden una historia que nos hace cuestionar las estructuras de este estado. Estamos a favor de un modelo educativo que no sea tan jerárquico. Entendemos que no debería ser un sistema que te intenta formar para ponerte rápidamente al servicio del capitalismo, del estado, acabando ser una pieza más de su engranaje capitalista. Luchamos contra esos mensajes autoritarios”, señalan.
Para transmitir sus ideas, estos jóvenes se preparan para dar charlas informativas a gente de su edad. No lo harán a través de los canales habituales, “porque se nos ha vetado la utilización de algunos espacios públicos. Pero haremos una plataforma juvenil desde la que denunciemos las injusticias y en la que hagamos propuestas de autogestión o charlas juveniles culturales”.




