
Nuria Varela
Directora de Calidad y Sostenibilidad del Grupo Blaumar
Cada 22 de marzo celebramos el Día Mundial del Agua. Pero más que una celebración debería ser, sobre todo, una llamada a la responsabilidad. Especialmente en territorios como el Mediterráneo, donde el agua es un recurso limitado y cada vez más tensionado por el cambio climático, las sequías recurrentes y el crecimiento de la actividad económica.
El turismo forma parte de este debate. Y debe hacerlo con naturalidad.
Durante años se ha tendido a señalar al turismo como un gran consumidor de agua. Y es cierto: hoteles, restaurantes, lavanderías o piscinas forman parte de una actividad que requiere recursos. Pero la cuestión importante no es esa. La cuestión es cómo se gestionan esos recursos. Porque el turismo no puede permitirse vivir de espaldas al entorno que lo sostiene.
En destinos como la Costa Dorada, el éxito turístico depende directamente de la calidad ambiental del territorio. El paisaje, las playas, la habitabilidad de las ciudades o la conservación de los recursos naturales no son solo valores ecológicos, son también el verdadero capital del destino. Sin ellos, simplemente, no hay turismo. Por eso la gestión responsable del agua no debería entenderse como una obligación administrativa, sino como una estrategia de futuro.
Las empresas turísticas tenemos una responsabilidad evidente en este ámbito. No solo porque utilizamos agua en nuestra actividad diaria, sino porque también tenemos capacidad para introducir mejoras, innovar en los procesos y, algo muy importante, infl uir en el comportamiento de millones de visitantes.
En el sector hotelero, por ejemplo, muchas de las mejoras más efectivas no dependen de grandes infraestructuras, sino de revisar cómo hacemos las cosas. Algo tan cotidiano como la limpieza de habitaciones puede implicar consumos de agua muy elevados si se realiza siempre del mismo modo que hace veinte años.
Un ejemplo es el Hotel Blaumar, donde desde hace años se están replanteando estos procesos. La introducción de sistemas de limpieza más efi cientes ha permitido reducir de forma muy signifi cativa el consumo de agua asociado al mantenimiento diario de las habitaciones. Y la implantación de un modelo de limpieza ecofriendly, que ajusta la frecuencia de las limpiezas completas durante la estancia, permite evitar consumos innecesarios sin afectar al confort del huésped.
No se trata de hacer menos servicio. Se trata de hacerlo mejor. La tecnología también está ayudando a avanzar en esta dirección. Sistemas de limitación de caudal en griferías, monitorización de consumos en tiempo real o detección automática de fugas son herramientas que ya forman parte de la gestión cotidiana en muchos establecimientos turísticos.
Son decisiones que, vistas individualmente, pueden parecer pequeñas. Pero cuando se aplican de forma sistemática y durante años, su impacto es considerable. Sin embargo, hay otro aspecto que a menudo se pasa por alto es la capacidad pedagógica del turismo.
Cada año millones de personas pasan por hoteles, apartamentos o restaurantes. Cada estancia es una oportunidad para explicar cómo funciona la gestión de los recursos, para mostrar que el ahorro de agua no implica renunciar al confort y para demostrar que la sostenibilidad no es una etiqueta, sino una forma de trabajar.
Cuando un huésped entiende por qué se propone reutilizar toallas, reducir el tiempo de ducha o evitar limpiezas innecesarias, se está generando algo más que un ahorro puntual. Se está construyendo cultura ambiental. Y eso tiene un valor enorme.
El turismo no puede resolver por sí solo el desafío del agua. Pero sí puede contribuir de forma decisiva a gestionarlo mejor. Porque al fi nal la ecuación es sencilla: cuidar el agua es cuidar el territorio. Y cuidar el territorio es proteger el destino. Y sin destino, no hay turismo.




