
En plena efervescente fe cristiana, durante los días de la Semana Santa, con el sonido de las bombas de la guerra de Irán de fondo, llega a mí una publicación online en la que una mujer, Sabina Mercè, tarotista y de orientación espiritual, ahonda en el alma del ser humano, en la búsqueda de algo profundo y una conexión trascendental con las personas. Un acto de fe que va más allá de las estructuras religiosas y dogmas, aunque se confiesa muy creyente. Echando las cartas o en sesiones de videncia, con el cliente abre un espacio para la conciencia y la comprensión de la existencia. Así, lo que para los escépticos podría ser un ansiolítico para el cerebro, un fármaco psicotrópico para reducir la ansiedad, la angustia y la tensión, lejos de actuar sobre el sistema nervioso central, alterando temporalmente la función cerebral para modificar el estado de ánimo, la percepción, la conciencia o el comportamiento, a través del tarot y de sesiones personalizadas ahonda espiritualmente en los seres humanos como un medio con mayor recorrido a la predicción, como “un espejo del alma”. Un sistema que al utilizarlo como herramienta espiritual invita a reflexionar sobre las experiencias y decisiones.
En el entorno del Racò de Salou, un lugar que considera “mágico, puro y de renovación de energías, porque se renuevan continuamente, es la ubicación ideal para el análisis. Dice que la proximidad del mar, la historia que remonta el lugar a la época ibérica y la colonización griega, permite un estado de renovación energética perfecta para estudiar los diferentes arquetipos de la personalidad de la gente que me visita”, dice Sabina. La espiritualidad la manifiesta percibiendo lo divino a través de las cartas y sobre todo explorando el alma de las personas. “La espiritualidad no reside solo en predecir el futuro, sino en desentrañar lo que une el pasado, el presente y ese futuro que, en muchas ocasiones, desean conocer”.
En el apartamento en el que recibe a las personas que desean conocer qué les sucede en un determinado momento de sus vidas, se crea un campo energético entre ambas, la cliente y la tarotista, en el que a través del tarot surgen situaciones de conciencia de la persona – a veces – e inconscientemente en el 95 % de los casos, surgiendo una serie de elementos que “nos llevan a ver que sucede en el alma de esa persona. Son elementos que no tienen que ver con el tarot, pero que ayudan a saber las necesidades que esa persona tiene en el alma”.
Sabina, además de echar las cartas del tarot es vidente, según dice. La supuesta capacidad extrasensorial que percibe la lleva a obtener información oculta, pasada, presente o futura a través de visiones. Su clarividencia le permite actuar como guía, con la que interpreta energías y ofrece orientación. Dice que ayuda “a liberar angustias del cerebro que suponen una carga enorme emocional porque las personas suelen dar vueltas y vueltas a algo que les atormenta en el cerebro. Con una buena sesión de tarot las personas encuentran cómo salir de ese problema al encontrar las respuestas que busca desde hace tiempo”.
Una práctica de este tipo en la que, como en otros muchos casos, suele haber muchas personas escépticas a visitar especialistas en la materia, suele crear muchas críticas racionales que dudan de la capacidad adivinatoria o sobrenatural de los tarotistas, atribuyendo los supuestos aciertos a sesgos cognitivos. Personas que señalan que los tarotistas utilizan técnicas de observación y generalizaciones que parecen personales, logrando que el cliente sienta que la lectura es precisa. Probablemente por falta de base científica y el riesgo de dependencia emocional que la sostienen. “Como en todo hay gente que se aprovecha de situaciones emocionales de las personas. Pero para mí – dice Sabina – las personas escépticas son los mejores que me visitan. Después de una sesión conmigo salen convencidos y satisfechos con las respuestas que reciben”.

Pese al escepticismo, el tarot en España vive un momento de auge, con una demanda creciente que lo convierte en un negocio en expansión, atrayendo a un número cada vez mayor de personas. Aunque no existen cifras oficiales exactas sobre el número total de consultantes, se trata de una práctica muy extendida. Una encuesta hecha por la plataforma tarotista Suerte Ya revela que 1 de cada 3 personas ha llamado alguna vez en su vida para consultar su vivencia en el tarot. Dándose la curiosidad que una gran parte de esas personas que contratan la sesión telefónica proceden de lugares situados junto al mar.
Las provincias insulares son grandes demandantes de servicios de tarot para aclarar dudas sobre el futuro, el dinero o el amor, aunque Madrid y Barcelona se posicionan como las principales ciudades españolas donde los usuarios demandan estos servicios de tarot.
Según la misma encuesta, el perfil de las personas que asisten a las visitas de tarotistas lo hacen con preguntas sobre el amor, trabajo, salud o decisiones que parecen inabarcables desde la lógica. Aunque, como dice Sabina, “yo tengo mucha suerte con el perfil de la gente que me visita. Suele ser gente muy agradable, en la que se ve que cada consulta esconde una herida emocional, un patrón, un anhelo. Anhelos que se acumulan, en ciertos arquetipos que se cruzan en generaciones, clases sociales y creencias espirituales”.
La idea de que cada uno de nosotros tenemos un destino marcado, en ocasiones por creencias que mezcla factores externos inevitables con la capacidad de elección personal, para Sabina, “sin embargo, no tenemos un destino marcado. A través de las cartas lo podemos cambiar. Habitualmente lo que nos lleva a un determinado destino son los arquetipos con los nos vemos influenciados por las situaciones que vivimos, y que, en muchas ocasiones, nos hacen sufrir”. Si bien algunos eventos parecen predestinados o guiados por fuerzas externas, la fortaleza mental y las decisiones diarias juegan un papel crucial para cambiar o dar forma al futuro. Según la tarotista, “el destino no está decidido, lo podemos ir cambiando a través de las cartas que nos aparecen. Cuando una persona se pone frente a mí se crea un campo energético morfológico en el entorno en el que lo que marca el inconsciente se expone en el ambiente, pudiéndose cambiar”.
Cuando vemos que nos predisponen unos determinados arquetipos de la personalidad que son dañinos para la actividad, los podemos derivar hacia otras situaciones. Los podemos cambiar. Es como hacer un click mental en nuestra vida con el que liberar la presión de las acciones que tenemos marcadas en el subconsciente”.
En situaciones en las que los patrones de comportamiento, emociones, traumas no resueltos o secretos familiares son transgeneracionales, que se transmiten de generación en generación, influyendo inconscientemente en las decisiones y la salud mental de los descendientes. Repetidas en historias, divorcios, adicciones o actos de violencia o por compensación, para Sabina, “el cerebro registra muchos actos en la memoria, aunque no es más que un instrumento del alma, que tiene marcado muchas circunstancias transgeneracionales. El poder está en la espiritualidad. Nuestro poder está en la parte espiritual que, a veces, es humana, no al revés. Es como nos vamos a manejar mejor. A una persona la parte espiritual no la vas a manejar, es imposible. Si hubiera más espiritualidad en este mundo no se podría aguantar con la sociedad que tenemos”.




